Ahriel miró a Marla directamente a los ojos después de tanto tiempo y esta le dijo:
-Ahriel, soy yo. No me mates…
-La razón por la que voy a matarte es precisamente porque eres tú, Marla- dijo con un tono incompasivo.
-Pero yo soy la única que sé dónde está tu hijo- contestó Marla, sonriendo- Si me dejas caer al infierno, mi secreto arderá junto a mí. Y tu hijo también…
-¡Mi hijo está en Gorlian!
-No… ya no. Tu hijo está oculto, yo lo he ordenado- miró tras de la mujer alada y añadió, para ese alguien- Díselo, Tobin. Tu eres el que lo ha ocultado, solo tu y yo lo sabemos.
-Entonces…-dijo Ahriel mirando sorprendida y asqueada al hermano de Bran- Solo hará falta que muera uno. Que sea el más traidor…- dijo mirándolos alternativamente.
Alzó a Marla y la apartó de la puerta del Infierno, luego añadió:
-Mataos. El que sobreviva será el que vivirá unos días más.
Los adversarios se miraron, desconcertados. Pero luego Marla fue la primera en actuar.
Cogió una espada del suelo y embistió contra Tobin, él, casi es atravesado pero la esquiva hábilmente. Marla se gira y vuelve a descargar su espada contra el lisiado. Cree sinceramente que va a ganar. Pero Tobin, aparte de lisiado, es mucho más listo que ella…
Así que después de esquivar bastantes estocadas más Tobin ya ha trazado un plan. Y el palo que reposa a los pies de Marla es la clave para seguir viviendo. En el momento preciso, Tobin se tira al suelo, a los pies de Marla, y cuando esta está a punto de herirle de muerte, Tobin blande el palo y la priva de la espada que cae al suelo en un gran estrépito metálico. Los dos se miran por un instante, pero Tobin no desaprovecha su ingenio y la suerte de que todo haya salido bien y coge la espada.
Ahriel les observa un poco más lejos, la batalla está totalmente a favor de Marla. Pesarosa, descubre en su interior que eso la entristece. Si muere Tobin, por muy traicionero que haya sido, será como volver a ver morir a Bran. Cierra los ojos, viendo a Bran, decepcionado de la tiranía de su hermano, mas le dice algo:
-Sálvale.
Ahriel abre los ojos y cuando se dispone a herir a Marla de muerte por la espalda (algo que nunca hubiera hecho de ser simplemente un ángel) ocurre lo que el destino había deparado para los dos adversarios. Marla, que se encuentra luchando a golpes sobre Tobin es atravesada por la hoja de una espada. Un corte limpio, letal. Tobin se la quita de encima y se pone en pie. Cuando Marla cierra para no volver a abrirlos él reclama su libertad:
-Ahriel, ¿acaso desconfías de mí?
-¡¿Cómo puedes decir eso?! Sucia rata…- responde ella acercándose, amenazante.
-Creía que te habías dado cuenta. Que creerías que siendo hermano de Bran no podría traicionarte…
-¡Es lo que has hecho!
-¿Acaso no has escuchado a Marla? Yo soy el único que sabe el paradero de tu hijo, de vuestro hijo… ¡Lo hice para salvarle!
Ahriel calla, pensativa.
-Ahriel, mírame a los ojos y dime si miento: ¡te traicioné para salvar a tu hijo!
Las alas de esta bajan hasta rozar el suelo, le duele darse cuenta, pero Tobin no miente. Dice la verdad, ya no hay peligro… Y ella casi le ha matado.
-Lo siento, Tobin. Lo siento de verdad.
Él asiente, pero se escusa diciendo que no pasa nada, él sabía a las consecuencias que se enfrentaría. Y sabía las ventajas que tendría también al ser un lisiado, al que todos miraban con pena. Él era más que un lisiado, era mucho más.
Ahriel y Tobin se despidieron de Kiara y Kendal, que habían observado la escena algo alejados. La princesa de Saria, en despedirse, depositó algo frío en las manos de Ahriel y le dijo al oído que no lo mirara hasta que estuviera lejos de allí. Kendal le dio las gracias y luego miró a Tobin e hizo lo mismo, disculpándose.
Cuando Ahriel y Tobin caminaban hacia el ocaso, siguiendo un camino invisible hacia el bebé, Ahriel abrió la mano. Allí reposaba el medallón de Marla, el otro gemelo del que colgaba del cuello de Kiara. Pero en él había una nueva inscripción:
“Para Ahriel, Reina de Karish”.
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