2n FINAL:
Ahriel observó los rostros de Kiara y Kendal, que se encontraban como ausentes, lejos de la puerta del Infierno. Volvió la vista al suelo y vio como los dos medallones de las princesas reposaban en el suelo, esperando a que los cogiera. El de Marla lo arrojó al fuego del Infierno que ya cerraba sus puertas, las muertes aquel día habían terminado... Caminó despacio hacia la princesa sariana y una vez allí la miró a los ojos. Esta lloraba. Ahriel leyó por última vez la inscripción tallada en el oro del medallón:
"Guiada por su ángel".
Por un instante recordó a Marla cayendo al abismo y como había pronunciado aquellas palabras: "He escondido Gorlian".
Le quedaba un largo viaje por delante, le quedaba volver a Gorlian, esa asqueante prisión de la que había sido huésped, le quedaba buscar a su hijo, encontrarle...Pero le quedara lo que le quedara por hacer lo haría, porque ahora su hijo era lo más importante y era lo más próximo a Bran que tenía. Era algo suyo, de ella: de los dos.
Cinco días más tarde un rumor se expandió entre la gente de Gorlian: La Reina de la Ciénaga había vuelto, para buscar algo importante. Muchos creyeron que volvía solo para quitarles las pocas pero útiles armas que tenían, otros que volvía para atormentarles y hacerles pagar viejos pecados, otros que era un falso rumor... Cuando Dag oyó a algunos apestosos ladrones hablar de Ahriel se acercó a ellos y aunque tuvo que pagarles para que repitieran el rumor lo hizo con gusto. Desde su cabaña un bebé lloró. Escuchando su llanto Dag escuchó también la historia de La Reina de la Ciénaga. Había vuelto, Ahriel había vuelto. y él estaba seguro de que lo había hecho por el bebé. Así pues, no había muerto... como él había creído. Había logrado escapar de allí, había logrado hacer lo imposible... Y luego había sido capaz de volver. Solo había una razón por la cual lo haría: su hijo.
Unos días después, alguien llamó a su puerta, a media madrugada. Llovía a cántaros y hacía tanto frío que Dag había cubierto su cama y la el bebé de tantas pieles como poseía. Se levantó y corrió a la puerta. Ansioso, colocó la mano en el paño de la puerta y cuando iba a abrir algo lo detubo. ¿Sería realmente Ahriel? Pero algo le decía que esa extraña calidad que residía fuera, encendida pese a la lluvia, no era nada más y nada menos que la madre del pequeño. Abrió la pueta y entonces la vio. Bella como lo había sido siempre, pese a la suciedad y la precariedad. Pero esta vez aún más bella, radiante de felicidad, aunque se encontrara en el lugar más espantoso para ella en el mundo. Sus alas estaban libres y brillaban como el mismo sol, desprendiendo calidez y confortabilidad. Ahriel sonrió:
-Dag, vengo a sacaros de aquí- dijo solamente.
-¿"Vengo a sacaros de aquí"?- repitió Dag, atónito.
-Sí, tú me has ayudado tanto...- Ahriel sonrió- Mereces ser libre.
El rostro de Dag se bañó en lágrimas camino a la cuna. Cogió al bebé en brazos y se lo entregó a Ahriel sin más preámbulos. Él deseó saber si el aire aún era tan puro en el exterior, si era verano, invierno, si aún era transparente y deliciosa el agua. Si la comida aún se podía comer... Cosas que había hechado de menos durante tantos años. Pero lo que hizo que le latiera más rápido el corazón fue el recuerdo de un niño que le espereaba fuera de la prisión. Con sus mismos ojos.

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