El comienzo de la imaginación.

La Reina Marla se hallaba asomada al amplio balcón del salón del trono, viendo combatir a su ángel, cuando recibió la notícia del asesinato del conde Aren. El mansajero la habló al oído, de manera que nadie más pudo escucharlo, pero los labios de ella se fruncieron levemente. Aquella fue su única reacción. Luego, el mensajero abandonó la sala y Marla se sentó de nuevo en su trono. La gente que veía el combate del ángel contra el demonio de las Profundidades, quedó enmudecida de golpe. La reina observaba el suelo, serena, parecía que el tiempo se había detenido... Hasta que les gritó a todos que se fueran, incluso a su ángel. Rompió a llorar, sola, en su palacio de luz. Ella, la reina del sol y del cielo, sentía tristeza por primera vez, por primera vez, estaba llorando... El cielo se convulsionó y las nubes se agruparon y oscurecieron, acto seguido las primeras gotas de agua anunciaron tres dias de intensa lluvia, en el único lugar en el que aún no había llovido nunca.

Marla fue todo felicidad, hasta que Aren murió y su iluminado mundo fue devorado por las sombras, y con él, el Reino de la Luz. Su Aren, el único que nunca la había abandonado, su querido hermano... Únicamente sabía que encontraría a su asesino y le vengaría, le costase lo que le costase. Así que durante quinientos años el Reino de la Luz fue el lugar más oscuro, frío y sombrio de todos los reinos, y Marla, acabó muriendo sola en su trono, del cual ya no resurgiría ningún rayo más de luz. Y todo sería oscuridad... hasta el fín de los tiempos.

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